El tercero error de novato

Creer que actuar en una clase es lo mismo que fuera
(delante un público que desconoces).
Si ya presentaste una actuación en una clase o delante de familiares o conocidos con éxito… te felicito sinceramente. Es importante que te impregnes de la alegría que provoca este maravilloso logro. Quiero que te quedes con esta energía.
Pero al mismo tiempo, quiero que seas consciente de que este logro no tendrá el mismo impacto que si fuese delante de un público desconocido.
Imagina que acudes a un espectáculo de fin de año de niños. Si uno de estos niños es un familiar tuyo (tu hijo/a, hermano/a, primo/a, etc.), te alegrará seguramente y te resultará ser hasta el más cariñoso espectáculo que nunca viste: los disfraces les convierten en “muy monos” y su actuación en algo muy tierno…
Ahora…
Imagina que desconoces a cualquiera de estos jóvenes actores… Con honestad: ¿Qué impacto tendrá este espectáculo de niños sobre ti? A menos que seas fan incondicional de espectáculos de niños o de hacer un estudio sobre ellos, con todo el cariño del mundo, es muy probable que los disfraces no te resultarán muy convincentes y que te costará intuir lo que quieren demostrar… Dicho de otra manera, estoy bastante seguro que te aburrirás… o que ni siquiera te molestarías en ver la función.
Lo mismo suele pasar con la representación pública de un final de curso o taller payaso. El público que suele acudir son familiares y/o conocidos de los estudiantes payasos. Los disfraces les convierten en “cómicos” y los errores del show son vistos como graciosos o por lo menos son perdonados. Por ello, en tal situación, estas representaciones suelen tener bastante éxito dando alas a los participantes. Lógico y legítimo.
Pero si presentas el mismo show delante de un público que no sean amigos, familiares, antiguos alumnos o vecinos de la escuela… dicho en corto: un público que desconoce a los actores y/o que tiene que pagar una entrada, te aseguro que el público será mucho más difícil de convencer.
La realidad del escenario no tiene nada que ver con la atmósfera de una clase de teatro.
No es nada malo. Es así. C’est la vie!
A medida que vas experimentando fuera de la comodidad de una clase, vas comprobando lo difícil que es poner en práctica lo aprendido, a sufrir el sentimiento de vacío que a veces se sufre delante de un público al que desconoces, el miedo y la soledad del payaso cuando los espectadores no se ríen con su número, etc.
A eso podemos añadir que a veces las condiciones de trabajo no son todo lo favorables que desearíamos… trabajar con poco público, un escenario demasiado pequeño o demasiado grande, unas condiciones técnicas bajo mínimos, niños que se suben al escenario sin haber sido invitados, adultos que incordian al resto del público, públicos que te acogen fríamente, la sensación de que nada funciona y nadie se ríe…
Echando la vista atrás, recordarás que en clase aprendiste unas teorías que funcionaban a la perfección, y digo que funcionaban porque cuando las pusiste en práctica tus compañeros se rieron. Sin embargo, te puede suceder que cuando trates de usarlas en un ambiente no académico el resultado no sea el esperado.
Un buen alumno, solo significa que es un buen alumno.
No implica que sea un buen payaso.
Al fin y al cabo, en una clase desarrollas solo una parte de lo que es actuar de verdad delante de un público de desconocidos.
Necesitas completar el puzle de lo que aprendes en una clase
por las lecciones que sacas de tu experiencia.
La buena noticia es que, aunque el payaso sea un camino solitario, puedes acelerar tu proceso aprendiendo de la experiencia de otros payasos.